Los gatitos del Hogar de Rescate y Proteccion Lourdes, han sido premiados en el Año 2016, como los mejores pets en el Ranking Nacional de Argentina, por la WCF.-World Cat Federation y su club Fedagat.-

miércoles, 19 de julio de 2017

La vida despues del Fuego


Apenas amanece ese martes, cuando comienza a gestarse el fin de una historia de catástrofe para humanos y animales, que se inició hace unos 20 días; fue una madrugada cuando comenzó el incendio de un caserío en La Boca… casas de chapas, cartones y maderas, de esas que vemos en Caminito y nos enternecen con sus colores y su aire romántico, pero la feroz realidad es que esas casas tienen apenas lo indispensable para brindar cobijo, tienen instalaciones mínimas de gas, de luz, de agua, unos pocos baños en los patios, a la intemperie; dicen que toda realidad supera la ficción, y acá, supera el encanto de los colores y la mística que ellas implican… hasta el límite de dejarlos en un absurdo ridículo, ó a nosotros, impávidos, como si hubiéramos abierto la ventana que tras ese colorido vibrante, sólo puede descifrarse en grises, ahogando todo bullicio, hasta llevarlo al más cruel de los silencios...

Lo cierto es, que al alba de hace unas pocas semanas, más de la mitad de ese caserío desapareció con la voracidad de un fuego que nadie supo como empezó, fuego que parecía no saciar su sed con sólo una parte… las llamas avanzaban, intentando devorar todo a su paso, y casi lo logran, se llevaron la mitad de los cuartos, un perrito y un pequeño gatín blanco que no alcanzaron a salir y respetó las vidas humanas, por la acción de arrojo siempre al límite de los bomberos voluntarios, que con siete dotaciones, se enfrentaron no sólo al fuego sino al derrumbe de casi todo el lugar...

Los sobrevivientes, personas y animales, acomodaron sus vidas, como pudieron, y como siempre pasa en estos casos, una comunidad de gatitos quedó a la deriva, una pequeña gata carey cuya dueña entendió que todos los animales habían muerto y por esa razón nunca volvió a buscarla, ni aún cuando se enteró que seguía con vida, un enorme gatote gris y blanco… considerado el “bravo” del lugar, macho entero de bellos ojos verdes, y un séquito de gatas y gatos menores, que también huyeron del fuego como pudieron, algunos se chamuscaron, otros simplemente volvieron al día siguiente, y como parte de los sobrevivientes que eran del lugar, hicieron lo mismo que los humanos, acomodaron sus vida como pudieron…

Desde aquel día, un alma noble, de las 150 personas que vivían en el lugar, se preocupó por ellos, les dio de comer y se dedicó a ese peregrinar desolador (del que ya hemos hablado otras veces, que va enredando a la persona en una especie de impasible laberinto), que es el pedir ayuda para un animal callejero, estos “casi” se habían convertido en eso, si no fuera porque María se ocupó de confortarlos con un inusual cariño, que demuestra que definitivamente es un humano del otro  modo de vivir, antes de irse día a día a su peregrinar: trabajo, búsqueda de casa (ya que su pieza había quedado a medio quemar, le faltaba una pared y parte de la puerta) y búsqueda de una solución para los pequeños que, también día a día cuando ella partía, se acomodaban en un alero que como todo en el lugar, había quedado a medio sobrevivir, pero donde daba el sol…

María se topó con las respuestas usuales en estos casos, están lo que no reciben heridos, los que no reciben adultos, los que no reciben cantidad, etc, etc, etc, respuestas variadas y creativas para quien solicita tan sólo piedad para un animal en emergencia, hace una semana, el pedido llegó al Hogar, una de nuestras voluntarias se comunicó con María, y pactaron para la mañana de un par de días después el rescate.

Nos levantamos muy temprano ese día, nos vestimos con botas resistentes, y  nos preparamos para afrontar el hecho de ingresar una vez más a un lugar difícil, porque luego de un incendio, las ruinas siempre e indefectiblemente, nos hablan de lo que ya no está… pero hablan de un modo cruel, cabal, sin una mísera pincelada de misericordia.

Si bien María es más que amable, el panorama no era sensible, ni suave, ni amable, una atroz montaña de hierros retorcidos, maderas ennegrecidas y el olor… ese olor tosco, bruto, salvaje… ese olor a quemado, que se va impregnando en la piel, en la ropa… y en el recuerdo profundo…

Hubo que subir por una escalera a medio quemar, que daba al alero y a lo que quedaba del cuarto de María, ella ya consiguió donde ir, pero no estaba dispuesta a dejar el lugar, si los animalitos quedaban allí…

.- pero estos días de frío… como hiciste?!?!?!

.- dormíamos todos juntos y nos dábamos calor los unos a los otros…

Sólo cuando nos retirábamos, María permitió a sus lágrimas que den rienda a lo que sentía, perdió casi todo lo que tenía, su cuarto quedó justo en la “frontera”, durante el fuego, ella misma, se salvó porque logró salir antes de que su propia escalera fuera alcanzada por las llamas, se envolvió en una frazada y corrió, al hacerlo, notó que la pequeña Lulú, quedaba hecha un ovillito en un rincón de la pieza, aterrada por la situación no se atrevía a salir, ella la levantó y la envolvió en la misma frazada que llevaba sobre los hombros, así, juntas, abrazadas, dándose calor con la manta, vieron desaparecer lo que había sido sus vidas hasta ese momento… y Lulú tuvo que aceptar que ya no tenía casa y tampoco familia, pues a donde se muda María no permiten animales…

 Sandra y Lily, escuchan en silencio los relatos varios, avanzan, al llegar al primer piso… ahí estaban todos, dos gatinas pequeñas aún y preñadas, dos más adultas, cuatro machos… y Lulú… 

.- ahí los encontramos, sobre el alero, mirando curiosos y confiados, impensadamente, el enorme “macho bravo” se subió a los brazos de Sandra -contaría Lily más tarde- ...parecía estar diciendo, “por favor, llevame lo más lejos posible…”, y a partir de él, uno a uno, se metieron en las gateras con una docilidad inusual, como aceptando el camino marcado por el macho alfa y tal vez vislumbrando una vida distinta para ellos a partir de ese momento…el fuego había cambiado sus destinos, ó tal vez se había metido en ellos, para darles la oportunidad de ser bañados, castrados, bien alimentados y buscar una familia que les arrope los cuerpitos del frío y las necesidades, pero fundamentalmente que les arrope el alma de esos recuerdos…

Una pregunta flotaba insistente en el aire… es que a la hora de dar asilo a un gatín siniestrado… nunca hay nadie?!?!?! …es que sólo hay gente y gente a la hora de criticar si esto lo hicimos bien, ó si ellos lo habrían –seguramente- hecho mejor…?!?!?!? …lo único cierto, la única realidad, es que a la hora de ir a buscar estas almitas, sólo estaba nuestro Hogar…

Cuando salíamos, María nos alcanzó y nos dio una bolsa de comida, quería aportar algo al rescate, Sandra le dijo que ya había aportado bastante con el cuidado y el alerta, la bolsa quedó para otro… para otros que lo necesitaran… Sandra habla todavía unas breves palabras con María, tratando de reconfortarla… no sólo había perdido todo lo material, ahora debía afrontar el duelo de dejar junto a los gatitos rescatados, a sus propios gatos…

En ese momento casi cuando partíamos, Lily miró algo al otro lado de la calle y cruzó…

.-Que pasó…???
.- Vi  esa vieja cadena que tiznada por el fuego y oxidada por el agua, todavía cuelga de la puerta, me pareció que simboliza más de lo que es en sí…
.- Si… la vi también....

.- Me preguntaba si acaso la pobreza, no es a su modo, una forma de esclavitud…?

.- Cierto, ojalá algún día, así como nosotros peleamos por la igualdad, el cuidado, el respeto y el amor hacia todos los que rescatamos, así como ellos dejan atrás el abandono, algún bendito día, pueda sentir, ver y vivir, en una sociedad donde no haya ni cadenas invisibles, ni abusos hacia los que más necesitan… sino puentes para que los crucen y empiecen una nueva vida…


Sabíamos que traíamos con nosotras a los sobrevivientes felinos de la tragedia, aunque nos amargaba la limitación de no poder ayudar también a los sobrevivientes humanos, al menos en sus primero pasos a una vida mejor…   

Volvimos a Lourdes inusualmente calladas, al llegar, bajamos las gateritas, los acomodamos en dos gatiles contiguos, y la vete con dos voluntarias hicieron sus fichas, les dieron alimento balanceado, el gatote gris, no sabía bien de que se trataba, pero cuando lo olió se abalanzó y todos lo siguieron, agua fresca, muchos cariños, luego se hicieron bollitos unos sobre otros, y durmieron por primera vez relajados, durmieron, durmieron, durmieron…


Para compensar la balanza, (la vida se encarga de que así sea), nos permitió observar hacia el mediodía un grupete de ocho bellos gatos, ninguno estresado, ninguno en schock, algunos hasta “parlotearon” desde sus lugares, pareciera que todos habían entendido que fue para bien, todos están sanos, sólo un colorado, luego del baño y la revisación médica, se pudo ver que tenía chamuscada la nariz… de todos modos, el estado general es bueno y la vete dio luz verde a sus castraciones…


A todo esto, ya es pasado-el-mediodía, cuando Sandra y Lily, se sientan con un café en el pulmón verde, era más hora de almuerzo que de café, pero no... sus caras, su ánimo reflejaban mucho...


.- no, no, lo que vimos... no fue coherente, no fue lógico, y no fue justo, para nadie...


.- pero es real...


 ...sus ropas, como los gatines quedaron tiznadas, el olor a quemado todavía les vuelve áspera la garganta y la imagen desoladora del lugar se ha instalado ya en sus recuerdos profundos, negándose a abandonar el momento…






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